ARTE EN MÁRMOL

 

 

Valentín

Palencia

Olivares

     
   

Huellas de piedra

     
En el umbral: olores, resinas, pigmentos y, bruscamente, como una luz cegadora, deslumbra el mármol. Reposa en el interior de la nave, en grandes bloques, cortado, sin cortar, en copas, en capiteles. La piedra habita allí el frío se aposenta. Y en medio de las formas, Valentín Palencia se aplica con la gradina y el cincel con dientes hasta dejar las huellas de su persistente punteo en la piedra que, de forma casi imperceptible, empieza a tomar color y suavidad.

El artista trata de volver la mano dócil pero al trasladar la idea al mármol las se resisten a emerger. Si se trata de una figura hay que evaluar los ritmos, observar los niveles de los hombros y de las caderas, seguir los movimientos de los músculos y encontrar el aplomo del cuerpo. Sólo cuando los planos se asientan, la estatua vive.

Valentín Palencia se hunde tenazmente en el insondable espacio del mármol y trata de apoderarse de sus formas. En la lucha titánica de un hombre contra una piedra de 1.500 kilos. Pero al cabo del tiempo, meses de duro esfuerzo, el bloque ha perdido la rigidez, asoman contornos, tímidas aristas, líneas que llegan al corazón. Cuando por fin la materia cristaliza emerge una Piedad, blanca y pura, como la de Miguel Ángel.

Pero otras veces hay que obedecer a los dictados del capricho. Como cuando un potentado árabe se prenda de una mesa de 

  mármol y la quiere de ocho metros de largo y en sus esquinas floreciendo los cuernos de la abundancia. Valentín Palencia tras estudiar el diseño, madura la idea y se aplica a la labor: el cincel hiende la materia, el polvo salta a los ojos. Una labor constante, metódica, hasta lograr las formas deseadas. Las manos del artista piden incansablemente tocar, palpar, sentir la rudeza del mármol, del alabastro o del granito. Pero también hay un placer sensual cuando se trabaja con arcilla, blanda y maleable.

Hay ocasiones en las que el artista se crispa en un gesto de tensión. La piedra semeja un ser vivo, comunión carnal. El granito evoca construcciones monumentales, panteones regios; el mármol es el Partenón, la sabiduría del hombre; el alabastro se utilizó en el antiguo Egipto para hacer figuritas y adornos para sarcófagos. Este artesano que tiene en Bernini su punto de referencia, explora de manera incesante los desnudos; los imagina, los mira, los trata de componer y descomponer como en un probador. En el desnudo confiesa que encuentra libertad de movimientos para su energía creadora.

De la piedra aflora la belleza. En el arte es feo lo que es artificial, lo que trata de ser bonito o hermoso en lugar de expresivo; lo que es amanerado y preciosista, lo que sonríe sin motivo. Todo lo que carece de alma y de verdad. Valentín Palencia lo sabe. Por eso está siempre alerta.

     

Texto contenido en el libro "Madrid, hecho a mano. Artesanos madrileños tradicionales" editado por la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid

     
     
   

Distinciones

     
Diploma de Artesano Madrileño Tradicional otorgado por la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid  

     
Certificado de Maestro en el oficio de Escultor otorgado por el Maestro Mayor Presidente del gremio de Artesanos de Madrid  

     
Trofeo Artesano Madrileño Tradicional otorgado por la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid